Rimay Pampa

Espacio de deliberación para hallar la verdad circunstancial que intenta ser ocultada por el poder, cuyo cimiento de reproducción es la mentira. Rimay Pampa significa en quechua espacio de deliberación

Thursday, November 26, 2009

Tu huella sin voto

A finales del 70, un grupo de policías llegó a mi pueblo, Pocoata (Norte de Potosí). El comandante, vientre abultado, cetrino y ojos pitañosos, infló el estómago y preguntó a los curiosos y curiosas que nos pusimos delante del vehículo policial: “¿quiénes no tienen carné en este pueblo?” No esperó respuesta y completó: “vayan e informen a sus vecinos, vecinas, madres, padres, hermanos, a todos; la Policía Bolivia les entregará carnés”, exclamó. “Tukuyman, tukuyman willaychis (avisen a todos)”, remató en quechua. Miradas y sonrisas cómplices y nos convertimos en ocasionales pregoneros.
Era domingo, día de feria en el pueblo, y se acercó una mujer de aproximadamente 30 años, acompañado de su hijo. Ajsu (vestido de mujer quechua) hecha jirones, rebozo (manta) verde con flores descoloridas y abarcas de goma que en cada pisada dejaban las huellas de una transnacional: good year. “¿Ima sutiyqui? (qué te llamas)”, preguntó el mismo policía que nos convirtió en pregoneros un día antes. “Exaltación Jachatakjo”, respondió lacónicamente. “Imawuan ima (qué más)”, insistió. “Chaylla (eso nomás es mi nombre)”. ¿Cuándo naciste? “Mi mamá dice que nací cuando estaban floreciendo los duraznos y rebrotaban los sauces”. ¿Cuándo es eso? “Cuándo empieza la siembra” ¿Qué año? Silencio. Los dos policías se miraron: “Estas pobres indias no saben ni cuándo han nacido, carajo”, comentaron. “Es joven nomás debe tener entre 30 y 35 años”, dijo uno de ellos. “Anótale como Exaltación Jachatakjo Jachatakjo”. ¿Y su fecha de nacimiento? “Ponle al cálculo, debe ser septiembre de 1940, que sea 15 de septiembre de 1940”. Exaltación Jachatakjo quedó bautizada y le entregaron su carné de identidad. No sé qué será de su vida, pero 30 años después, ella seguirá excluida de las decisiones del país, de la elección de su futuro, está vez con el rótulo de “observada”.
Uno tras otro pasaron los “invisibles” y las “invisibles” de la vida en busca de una identidad. ¿Nombre? “Gabino”. ¿Apellido? Ankjayo. ¿Gabino Ankjayo? Sí. ¿Fecha de nacimiento? Otra vez silencio. ¿Cuándo naciste? El aludido mira a su madre que estaba a su lado en espera de auxilio (A Gabino, jamás le cantaron un happy birthday, ni le invitaron una torta, ni le felicitaron, ni le abrazaron ni le regalaron un vino). “Mi hijo ha nacido cerca de Carnavales, ese año ha llovido mucho”. “Carajo, encima el carnaval es fecha movible, cuándo putas habrá nacido este chango”. “Ponle en febrero, 20 ó 22, debe tener 15 años o algo más”. 30 años después el Organismo Electoral Plurinacional sigue ignorando a Gabino, y los políticos de derecha lo siguen considerando como a un “bárbaro” (extranjero sin derechos en Grecia). Como él hay más de 400 mil, privados del derecho básico de la democracia: el voto. Marginado del voto automáticamente será excluido de la posibilidad de elegir a la persona o al grupo de personas que administrarán su futuro.
Pasado el meridiano de los años 80. Me fui al cuartel con mi amigo Eduardo Solano. Nos presentamos en Sucre, en el Tejar. Como faltaban soldados, fuimos reclutando en el camino. Cayeron varios indígenas, entre ellos, un Jalkja, Andrés, quien vestía calzona (pantalón) hasta media nalga y camisa larga que cubría la parte que debía hacerlo la calzona. Muy parecido a la pinta de los hiphopheros de hoy. Mirada apacible y voz de trueno. Todo blanco, incluso su sombrero casi diminuto. Inmediatamente lo apodamos: “soldado mejicano”. Fila india para registrarse en Abapó Izozog, Regimiento Marzana, 7 de infantería, pleno Chaco, 40 grados bajo sombra. Le llegó el turno a Ramón. No cargaba consigo su certificado de nacimiento, menos una libreta escolar. ¿Cuándo naciste? Preguntó el entonces subteniente Guido Flores Bellido. “El día de San Andrés”. Recordaba muy bien ese detalle el “soldado mejicano” porque su padre le había contado que el cura del pueblo de Antora (Potosí) le había bautizado con ese nombre tras fijarse el calendario. En su comunidad le llamaban Andrisi, pero recibió su Libreta de Servicio Militar color rosado con el nombre de Andrés y todos los honores de ley. Otra historia con los datos calculados y la vida verdadera.
A todas estas personas ya les tomaron sus huellas, pero por lo visto nunca les tomaron en serio como ciudadanos con derecho a participar en las decisiones públicas. No sé si estarán entre los 400 mil, pero sí los conocí y vi como les entregaron sus carnés y sus libretas de servicio militar. ¿De qué lado quedarse tras haber visto esta exclusión?
Por lo visto fue un mero slogan la frase “Tu huella, tu voto”. Estas personas tienen huella, pero no tienen voto. Dudaban de su certificado, entonces les pidieron sus huellas, ahora dudan de sus huellas. El Estado (léase los políticos con espíritu hitleriano) no certificaron su nacimiento, pero sí lo identificaron con un carné de identidad y una libreta de servicio militar, pero como no certificó su nacimiento, ahora se niega a certificar sus huellas, en definitiva le niega la vida, le condena a la muerte civil.
Pronto se preguntarán si tienen alma y le exigirán un certificado. Un papel vale más que la certificación de Dios, un papel vale más que la carne y los huesos. Un papel vale más que la vida misma. ¡Qué injusta la Ley que ningunea al ser humano, más injustos aún quienes la aplican!

Existo, pero no puedo votar

Soy de carne y hueso, existo como Dios manda, pero no existo como elector para el ahora llamado Órgano Electoral Plurinacional (OEP). Es la frase que resume la realidad de 400.671 personas, que tienen huellas dactilares, pero no certificado de nacimiento. Dicho de otro modo, están ahí, pero son simples fantasmas para el OEP, que según la derecha “boicoteadora” de la participación ciudadana, había recuperado la credibilidad que nunca había perdido ante la mayoría de los bolivianos.
La decisión de la Corte subraya la gran diferencia entre hombre y ciudadano; entre ser humano y ciudadana. El hombre existe para Dios, el ser humano existe para la naturaleza, pero el ciudadano o la ciudadana no existe para el Estado, en este caso, no existe (o al menos está bajo sospecha) para el OEP. Y no existe porque el Estado no lo reconoció a través de un documento llamado certificado de nacimiento. En otras palabras no certificó que nació, no vio su nacimiento porque nació muy lejos de los hospitales, de las autoridades, de la burocracia, pero lo vio crecer, casarse, “servir a la patria” en el cuartel, trabajar en beneficio del país, le cobró impuestos, le aplicó sanciones.

¿Quiénes son estas personas que aún no son reconocidas como ciudadanos?

• Las mujeres y los hombres que nacieron en hogares pobres y analfabetos que nunca conocieron al Estado y si, en algún momento, los visitó fue para otorgarles un carné de identidad solo con dos testigos que certificaron que nació en la comunidad y que existe.

• Los hombres y las mujeres que nacieron en el área rural, que ni se enteraron de la existencia del Estado, porque éste nunca se manifestó y por tanto nunca le otorgó un certificado de nacimiento, pero sí lo maltrató.

• Los hombres que, sin haber sido reconocidos por el Estado, fueron a reconocer y a servir al Estado, yendo al cuartel; a cambio le dieron una libreta de servicio militar para agradecerle por sus servicios y reconocerlo finalmente como ciudadano tras 18 años de existencia fantasmal.

• Las mujeres que obtuvieron un certificado de nacimiento para casarse y luego cambiaron su nombre agregando la sílaba “de” entre dos apellidos. Por ejemplo, si su nombre de soltera era Francisca Calle Fernández y se casó con Valerio Condori Mamani, cambió su nombre -por el sentido de pertenencia y desconocimiento de la le- del siguiente modo: Francisco Calle de Condori. Con ese nombre obtuvo un carné de identidad y dio hijos a la Patria y ahora no existe para la OEP porque, según las leyes, basta una palabra para cambiar la identidad de una persona.

• Los hombres y las mujeres que recibieron casi en el mediodía de su existencia la visita del Estado, que les otorgó el Registro Único Nacional (RUN) para reconocer su existencia y asistió con ese documento a inscribirse y ahora no existe otra vez para el Estado, en específico para los vocales de la OEP.

• También están en este grupo los hombres y mujeres, en mínima cantidad, que intentan engañar la buena fé del Estado ya sea a través de doble identidad o alguna otra anomalía.Y a todo esto, ¿quién es el Estado? En teoría, todos nosotros (la sociedad organizada), pero en la práctica, durante más de un siglo, fue una casta que gobernó el país y que ahora está desplazada del poder y hace mil peripecias lingüísticas para no ser marginada definitivamente.

¿Cuáles serán las consecuencias de esta hábil y sutil forma de marginar a los sempiternos excluidos del derecho a elegir su opción de futuro?

• En lo natural, la verificación científica de que el ser humano es muy diferente del ciudadano, el primero existe sin permiso de nadie, el segundo existe con el permiso del Estado y éste existe gracias a la existencia del ser humano (paradoja histórica) a quien hoy mata su existencia.

• En lo político, es una contradicción entre el derecho positivo y el derecho natural; el segundo reconoce su existe con todos sus derechos por el solo hecho de haber nacido vivo; y el primero reconoce su existencia sobre la base de leyes.Lo más grave de toda este “apartheid electoral” es que el MAS, que por ahora es la esperanza precisamente de aquellos ninguneados por el Estado oligarca, perderá miles de votos, lo que significa que está en riesgo los dos tercios que pretende alcanzar justamente con todos los seres humanos que viven en el territorio boliviano.

Y si alcanzará esa aspiración electoral, será (ya lo es) la excusa perfecta de la derecha para denunciar “padrón inflado”, “fraude”, “votos fantasmas” e intentar deslegitimar las elecciones para luego animarse a preparar un golpe de Estado al estilo de Honduras.

Esta es la muestra más clara de que la exclusión no ha acabado porque casi medio millón de personas no podrán participar en la decisión pública más importante de sus vidas: la elección del gobernante que administrará su futuro por los próximos cinco años. Sin embargo, desde la perspectiva dialéctica, es también la causa más clara para ratificar y cerrar filas en torno al proceso de cambio.

Friday, August 21, 2009

Obra del Diablo

Vivimos endiablados días porque se supone que los seres humanos son criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios y que por tanto están obligados a Amar a Dios por sobre todas las cosas. Sin embargo, este último tiempo han optado por El Diablo, al menos en el gobierno laico. ¿O se habrán enterado que el Diablo es el mismo Dios, nomas que usa ese seudónimo para hacer algunas maldades y esconder su lado malo, como canta Facundo Cabral? ¿O tal vez han leído El Evangelio Según Jesucristo, de Saramago, y se han dejado tentar por Lucifer?
“Diablada o muerte” es la consigna que reemplaza al de “Patria o Muerte”. Suena serio, pero raya en la estulticia, pues, sería como creer en el infierno y rezar a San Gabriel y a San Miguel para que los diablos peruanos ardan eternamente en el averno. ¿O creen de verdad que otro Dios es Posible, como escribe José Ignacio López Vigil, pero otro Diablo no es posible, más si es peruano? ¿O se habrán convertido porque si creen en el Diablo, creen en Dios, La Vírgen y todos los Santos, como dice la oración? Ya es hora que se enteren que creer en el infierno es una obligación de fe, establecido en el año 1123 por el concilio de Letran y ratificado recientemente por el Papa Benedicto 16 (Orden de la cúpula de la poderosa Iglesia Católica).
Vaya, si el infierno es un invento, el Diablo también, y si no existe infierno, no existe el Príncipe de las Tinieblas. Pero estos días es como si existiera y viviera en el mero Palacio, quienes actúan como posesos, endemoniados seres que cultivan una peligrosa xenofobia hacia los hermanos peruanos. Es como para pensar en un exorcismo.
Yo no creo en el Diablo, pero estos días he comenzado a dudar de su ausencia total, porque no es posible que toda la unidad del movimiento indígena que se iba construyendo en el altiplano peruano-boliviano se vaya al diablo por una simple careta. Estoy comenzando a creer que es obra de Belcebú.
¿Acaso no se desarrolló en Puno las cumbre de los pueblos indígenas, a donde el Presidente Evo Morales envió una carta pidiendo a aymaras y quechuas peruanos y bolivianos unirse contra el neoliberalismo satánico que reside en Lima por estos días? ¿Dónde quedó el Abya Yala, o ya la echaron azufre? ¿Cómo puede haber unidad en un gran proyecto histórico, si ahora están blasfemando hermanos contra hermanos por un traje y una careta de Diablo? ¿Qué tal si Hugo Llano Mamani, el puneño aliado de Evo Morales, es un gran bailarín de la diablada?
El Ministro de Culturas, Pablo Groux, se ha convertido en el Ángel Caído, pues, cayó en la trampa de la oligarquía peruana, que al ver cómo crecía peligrosamente la unidad indígena en el sur de su país en torno al movimiento indígena boliviano, optó por inocular sutilmente en la agenda de la diplomacia al Diablo, nada más ni nada menos en el Miss Universo. La derecha peruana logró su objetivo: despertó el chovinismo entre peruanos y bolivianos, quienes ahora organizan sendos bailes y entradas para demostrar que “Satanás” les pertenece y que el otro es el maligno usurpador de culturas. Como efecto de la campaña, muy bien explotado en los medios, un aymara puneño echa maldiciones contra su par aymara boliviano y viceversa. Adiós unidad del movimiento indígena e internacionalista.
Es curioso que en el Ministerio de Culturas no se hayan enterado que la cultura es dinámica y no se queda petrificada, pues, cuando un migrante se va del país, lo único que lleva en su mochila es su cultura, sus bailes, sus canciones, sus instrumentos, su comida, y lo reproduce, ya sea tal y como es o con algunos aditamentos, en la tierra prometida. Como somos exportadores de seres humanos, por tanto de cultura, pronto habrá más diablos en España, Alemania, Estados Unidos, y deberíamos sentirnos orgullosos de esos procesos, como se sienten los que nos envían el rock, el hip hop, el rap, etc.
Era fácil pedir un informe al embajador de Bolivia en Perú acerca de la abismal diferencia que hay entre Lima y el sur del Perú, que por naturaleza política y procesos culturales es más próximo a Bolivia. O aún más sencillo todavía, recorrer la frontera, donde las danzas bolivianas andinas como la morenada, el tinku, son practicadas en casi todos los eventos con bandas y trajes de Oruro y de La Paz porque los bailarines son producto de matrimonios binacionales. Mejor dicho, son aymaras y quechuas y punto.
Y ahora ¿qué? ¿Cómo reconstruir ese movimiento indígena en torno a proyectos históricos reales? ¿Y los resentimientos que quedan? Ojalá que no sea como el que quedó en torno al Pisco entre peruanos y chilenos ¿Quiénes son los culpables de este endiablado error? ¿No era mejor ofrecer a la Miss Peruana un traje más hermoso bordado en La Paz y agradecer al Perú por exportar la cultura boliviana en lugar de generar xenofobia? ¿No tendrá otras cosas más importantes de qué ocuparse el gobierno en lugar de estar bailando la diablada en la plaza Murillo? Digamos que “la diplomacia de la careta” es obra del Diablo, al final de cuentas para eso sirve el Diablo para echarle la culpa de los errores de algunos “genios”. Dios nos salve de ellos.

Wednesday, August 05, 2009

Cuando Pando era Acre

Hace más de 110 años, en un lugar llamado Acre, más allá de lo que hoy es Pando, vivían unos extranjeros que explotaban las riquezas de Bolivia como si fueran suyas. Por ese entonces y como ahora, las fronteras bolivianas, al menos en ese lugar, estaban muertas porque la presencia del Estado era casi nula, mientras que el Brasil propugnaba las fronteras vivas, pues, cada brasileño que ingresaba a territorio boliviano con el fin de residir era un ser vivo convertido en frontera.
Cuenta la historia[1] que cuando el Estado boliviano decidió sentar soberanía en 1899 en aquel lugar, fundando un puerto (Alonso, hoy en territorio brasileño) sobre el Rio Acre para instalar un puesto aduanero de recaudación de impuesto sobre exportaciones de goma, los aventureros que explotaban ese recurso y la contrabandeaban sin rubor hacia el gigante vecino se molestaron y mucho. Brasil, dice la historia, también estaba molesto porque sentía que bajaban sus ingresos por el “transito” de la goma boliviana por sus puertos.
Fue entonces, cuando las fronteras vivas decidieron cumplir su misión geopolítica como sucedió en el Litoral con la misma Bolivia, donde en 1878 existían más ciudadanos chilenos que bolivianos (casi el 90 por ciento, al menos en Calama), por eso les fue fácil a los invasores derrotar a don Ladislao Cabrera y Eduardo Avaroa. Veintiún años después, se repetía la historia, pero en el Acre, donde el 1 de marzo de 1899 el español Luis Galvez se sublevó y declaró el estado independiente del Acre, tomando el puerto que simbolizaba la presencia del Estado boliviano.
Sorpresivamente, sigue contando la historia, Luis Salinas Vega, representante boliviano, pidió el apoyo brasileño para conjurar el levantamiento; la respuesta inicial fue positiva, pero muy pronto Brasil se desentendió del problema para luego declarar el territorio del Acre en litigio. ¿Qué le parece la estrategia? Alguna coincidencia con algún dirigente cívico o cívica, diputado o senador (de lo que hoy es Pando y antes Acre) con Salinas Vega es mera coincidencia, no piense mal.
Apremiado por los filibusteros separatistas, como escribe la familia Mesa, Bolivia envía tres expediciones: la de Andrés Muñoz, la de Lucio Pérez Velasco y la de Ismael Montes. “En valientes contiendas de armas en Capueiro, Rioshiño, Bagé y Puerto Acre, Bolivia recuperó su soberanía”, dice la sabia Historia.
El gigante Brasil, herido en su orgullo o por simple cálculo político, espera agazapado hasta 1902, cuando se le ocurrió a Félix Avelino Aramayo (¿lo recuerda? Es uno de los Barones del Estaño) crear una sociedad angloamericana para arrendar la totalidad del Acre y facilitar su explotación. La excusa perfecta. El Barón de Río Branco y además Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil protestó, e imagínense ¿qué más? Acusó a Bolivia de romperá las reglas de la soberanía en el Continente. En sintonía con este ministro, Plácido de Castro se levantó en el Acre, declarando otra vez la secesión, pero esta vez Brasil intervino Puerto Acre con un contingente armado, tomándolo por segunda vez. Aunque usted no lo crea, parece de Ripley, pero no lo digo yo, lo cuenta la historia escrita por la familia Mesa.
Y luego, ¿qué pasó? ¿Quiere saber más? El Presidente José Manuel Pando caminó durante días, semanas, desde los andes hasta la amazonia para defender el territorio de Bolivia. Gracias a Dios, le fue bien, combatió y venció a Castro. No estaba solo, le apoyó el boliviano Nicolás Suárez, el Barón de la Goma, quien formó un ejército con sus propios hombres y combatió y derrotó a los filibusteros separatistas en Bahía, hoy Cobija.
Bueno, Bolivia había vencido, eventualmente, en las armas, pero Brasil no había expresado toda su fiereza y afilaba las manos para hacerlo en cualquier momento. La historia dice que las autoridades bolivianas olfatearon, intuyeron esa posibilidad y prefirieron negociar y luego vender el Acre, a través del Tratado de Petrópolis, a Brasil en la módica suma de 2.000.000 de libras esterlinas y el compromiso de construcción de un ferrocarril en la zona de las cachuelas. Hoy ya no queda ni el dinero ni el ferrocarril. Así Bolivia perdió alrededor de 190.000 kilómetros cuadrados de territorio, narra la historia. ¡Diablos! Otra fotocopia de la historia (¿recuerda? Las autoridades bolivianas regalaron el Litoral a Chile a cambio de un ferrocarril que beneficia más a un empresario minero de ese entonces – Aniceto Arce- que a Bolivia).
Otra cosa hubiera sido si en ese lugar -que hoy aparece en el mapa de Bolivia como una cresta oscura, grande y dolorosa en el norte (para recordar a los bolivianos que un día les perteneció el Acre y que ahora ya no)- hubieran vivido miles de Bolivianos dándole vida a nuestras fronteras. Como no vivía casi nadie, salvo unos cuantos valientes frente a miles de fronteras vivas brasileñas, era casi imposible sostener la soberanía nacional.
La historia ya se repitió dos veces, como acabo de verificarlo usted mismo. ¿Se repetirá por tercera vez? ¿Será? Me asusta porque recién nomás unos reencarnados de Plácido de Castro, todos fronteras vivas brasileñas, dijeron que no se saldrán del territorio boliviano, específicamente de Pando, porque ya invirtieron sus reales y no pueden ser expulsados así nomás. ¿Cuál será su próximo paso? ¿Declarar la secesión con la ayuda de algunos diputados, senadores y cívicos bolivianos y luego pedir ayuda al amigo de Evo Morales, Lula da Silva?
Otra vez la misma historia, por Dios, y ¿dónde están los bolivianos? ¿Acaso no pueden poblar esa parte del país con miles de hombres y mujeres que requieren tierra y están dispuestos a trabajar? ¿Quién se los impide, un senador, un diputado o algún cívico o prefecto? ¿Querrán éstos ser registrados mañana por la Historia como los filibusteros del Acre? ¿O no les importará? ¿Más vale preservar intereses de grupo que los intereses de la Patria? ¿No sería más honroso pasar a la historia como Maximiliano Paredes (que murió valientemente en el combate de Riosinho) o Nicolás Suárez? Si esta vez se repite la historia, el gran culpable será Evo Morales y su gobierno por no haber frenado las fronteras vivas brasileñas.
[1] Historia de Bolivia; José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert; editorial Gisbert, La Paz, Bolivia, 2008.

Thursday, July 23, 2009

Erbol dice la verdad

Dejo por un momento la pluma de la información y tomo la de la opinión (al menos en este caso) para defender a Erbol porque estos días el conductor de televisión, John Arandia, la atacó por la espalda y sin derecho a defensa. La llamó mentirosa y pidió que se rectifique en una información, y lo hizo desde la trinchera del monopolio de la palabra que genera una pintoresca malversación del verbo que engulle la inteligencia.
John involucró a Erbol en un cementerio de fantasías que compartió una noche televisiva con un periodista español, quien de ser su gran admirador (tiene las imágenes) pasó a ser su detractor y luego otra vez su defensor.
Julio César Alonso acusó a su “amigo” (por confesión del aludido) John de haber accedido y usado información que tenía en su flash memory sin su autorización. Dicho de otro modo, de haber entrado a un espacio al que no le autorizó. En otras palabras -con chuis- si tú entras a una casa y te llevas cosas sin su autorización del propietario, ¿cómo te llaman? ¿Ladrón o visitante? Y… ¿cómo se denomina el hecho? ¿Robo o avivada? Y… el periodismo, al menos para los periodistas, es decir las cosas por su nombre, de otro modo, la capitalización no sería privatización porque sus defensores nunca dijeron que es privatización sino capitalización, la nacionalización no sería compra de empresas sino nacionalización como insisten los masistas y los pobres no serían pobres sino económicamente débiles y el Golpe de Estado de Honduras no sería Golpe de Estado, sino amor a la democracia. El periodismo no es repetir lo que dicen, sino describir lo que es. En resumen, es administrar muy bien las palabras para narrar con meridiana claridad los hechos.
Dado el caso, obviamente, Erbol no tenía nada que rectificar como lo solicitó el auto-entronizado John desde la pantalla plana, pues, sólo se rectifica quien tuerce los hechos y miente. Erbol no dijo nada, no editorializó la nota, no opinó, no juzgó a John, quien lo hizo fue su “amigo”, quien a su vez es amigo del gobierno del MAS, al que lo tuvo de relacionista público en su último periplo mediático.
Para Erbol, John no es ni bueno ni malo ni regular, por eso Erbol sólo publicó la declaración de una persona que acusó a su “amigo” de haber obtenido información de manera deshonesta, prohibido y sancionado por los artículos 10, 7 y 5 de tres códigos de ética que rigen el trabajo de los periodistas bolivianos. ¿O la violación del código de ética y las normas ya no es noticia? ¿O no debe ser noticia porque se cree John? Si es así, vamos a tener que dejar de titular que el gobierno desconoce las normas legales y quiere imponer un régimen autoritario porque se trata nada más ni nada menos que de Evo, el presidente con mayor caudal de votación de toda la historia de Bolivia.
Erbol, respetuosa de la ética, congeló la nota durante tres horas, hasta escuchar la versión de John y que éste escuche con sus propios oídos lo que le decían; luego recién la difundió. John no escuchó ni leyó completo a Erbol (ni tomó en cuenta los consejos de Aristóteles y Perelman), afiló la lengua, pero no los argumentos, y respondió con un espacio editorial megalómano a una simple nota informativa; y lo peor, juzgó, sin haber sido juzgado.
La peor acusación a un medio es que le digan que miente porque la razón de su existencia es decir la verdad (y sencillo, para no entrar en discusiones bizantinas: la verdad en periodismo es describir los hechos con las palabras más adecuadas; por eso la masacre de octubre de 2003 es masacre, sino nos hubiéramos quedado con “enfrentamiento” como pretendieron los emenerristas). Erbol demostró con pruebas contundentes que no mintió. John no demostró la mentira y no se retractó como indica el código de ética de los periodistas bolivianos. Malversó palabras y mandó de vacaciones a la racionalidad, ojalá que sean muy cortas, y vuelva pronto.
El segundo día de su ataque (miércoles 22 de julio) no leyó todo lo que dijo Julio César, tampoco puso el audio que estaba colgado en Erbol Digital (la nota se defendía sola). Mentir no sólo es falsear un hecho, sino ocultar una parte del hecho. Abrumado por la evidencia, John soltó la idea de que han querido dañarlo, que quieren hacerle pelear con Julio César y callarlo. ¿Quién quiere hacerlo pelear? Erbol no tiene amigos de esa naturaleza ni interés en aprovechar una ventaja política, además en Erbol se conocen primero a las fuentes antes de hacer amigos o amigas; es más, Erbol sólo tiene fuentes y no amigos; caso contrario, con ese tipo de amistades hubiéramos publicado que hubo seis muertos venezolanos en Pando o que la media luna paralizó Bolivia.
“¿Quieren callarme? No me callaré”, dijo John. ¿Quién lo quiere callar? ¿Erbol? Erbol no teme las palabras de nadie, no lo hizo en 42 años y en momentos más difíciles, menos lo va a hacer ahora porque siempre tuvo como imprescindible amiga la verdad. Erbol fomenta el acceso a la palabra como principio básico de su existencia, pero también fomenta el silencio inteligente cuando se cuelga el disco duro y no hay riesgo de que el pathos o el ethos se sobreponga al logos.
El problema de John no es Erbol, ni los periodistas de Erbol, es la calidad de amigos que escoge, pero ese tema es un problema suyo, finalmente, uno no elige a sus amistades, pero sí a sus amigos.
Lo que no admito es el ataque injusto a una institución como Educación Radiofónica de Bolivia, de probada moral histórica e independencia (basada en convicciones y no en intereses económicos).
Bueno, para acabar y cerrar el caso (porque John ya lo cerró la noche del 22 de julio, yo lo hago hoy aunque nunca abrí esta polémica); en Erbol, si cometemos errores pedimos disculpas (como aconsejan los códigos de ética) porque sólo quien reconoce sus errores abre la puerta hacia la perfección; pero también sabemos perdonar en el perfil de Herman Hesse: pues, en un ser humano hay muchos seres y no sabes cuándo saldrá a la vida pública el lobo o el ser humano. En el caso de John, me quedo con su lado de buen tipo y bonachón.

Thursday, July 16, 2009

Erbol

Nació en plena dictadura post revolución nacional de 1952, en un contexto caracterizado por el retorno de la oligarquía cavernaria que no había sido derrotada totalmente y que se vestía de uniforme para utilizar a las Fuerzas Armadas como instrumento político para acceder al poder.
Loyola, Radio Pío XII, Radio Bolivia, Radio San Rafael y Escuelas Radiofónicas Fides unieron sueños y materializaron Educación Radiofónica de Bolivia (Erbol) el 18 de julio de 1967 con un fin esencial: dotar de pensamiento a la radio y erigir a los nuevos actores políticos y a las fuerzas sociales que hoy protagonizan la historia del país a través de la alfabetización. Leer para pensar, pensar para leer y leer para ejercer su libertad de expresión y a través de ésta todos sus demás derechos; leer para decidir y decidir para protagonizar sus vidas por sí mismos. Esta fue la base filosófica de la política de comunicación que guió la decisión de sacerdotes como Gregorio Iriarte y José Gramount de Moragas, directores, en aquel entonces, de radio Pío XII y Escuelas Radiofónicas Fides, respectivamente.
Desde la lógica de las causas y consecuencias; Erbol no es efecto, es causante del proceso de cambio que experimenta Bolivia (y por esa razón tiene la suficiente moral como para cuidarlo y criticarlo) por los siguientes hechos puntuales en sus 42 años de vida:
Alfabetizó en un escenario en el que era complicado despertar pensamiento porque mandaban las armas para aplastar las ideas.
Se jugó por los sectores excluidos, olvidados (campesinos, indígenas, pueblos originarios, obreros, mineros), cuando la gran mayoría de políticos o activistas dirigían sus miradas marxistas a la fuerza proletaria solamente; Erbol lo hacía de forma global y confiaba en la fuerza de conciencia de los indígenas.
Organizó redes a través del uso de tecnologías diversas con el fin de articular una realidad total del país y, de ese modo, desarrollar un país comunicado.
Concibió la comunicación más allá de su dimensión técnica y negocio económico, lo entendió en su nivel humano y como factor de desarrollo, bienestar y buena gestión de gobierno.
Formó líderes en los sectores que hoy protagonizan la historia del país, concejales, alcaldes, consejeros, viceministros, ministros, etc., para democratizar el acceso al poder y la administración de la cosa pública.
Comprendió la política como factor de inclusión social, como democratización del poder y de servicio, como un medio para resolver problemas públicos y no como un fin en sí mismo para resolver problemas personales o grupales.
La cristalización de esta filosofía es producto de instituciones como San Gabriel, Pío XII, Aclo, Irfa Santa Cruz, San Miguel, Ichilo, María Auxiliadora, Don Bosco, Audio Bosco, Domingo Savio, Chaka, Santa Clara, Alternativa, Kanchaparlaspa, Pachamama, Esperanza, Soberanía, Yungas, Bermejo, Alternativa, Juan XXIII, Parapetí, Horizontes y todas las radios amigas que trabajan con Erbol y en total suman 151 con la última inaugurada en Chiaramaya (Lago Titicaca), Radio Khantatiri.
Las instituciones son lo que sus directores y trabajadores son, ninguna camina sola, no funcionan a control remoto. En ese sentido es justo reconocer el trabajo de personas que le han dado toda su inteligencia y talento a Erbol:
Gregorio Iriarte, por haber soñado Erbol
Roberto Durette, por haberse adelantado permanentemente a la historia y pelear hasta lograr la radio de La Paz y la Red
Serafino Chieza, por haber confiado en el personal de la Secretaria Ejecutiva y avizorar a la Erbol del Siglo XXI
Rafael García, por haberse jugado por los principios de Erbol y los suyos, por supuesto, en los momentos que el país estaba a punto de ser gobernado de facto por racistas, apátridas y privilegiados sempiternos.
Javier Velasco, por haber equilibrado las ideas en cada espacio de deliberación, pero sin perder el sabor progresista.
Freddy Ordoñez, por su trabajo silencioso y por sus esfuerzos determinantes para marcar el crecimiento de las redes culturales de Erbol.
René Zeballos, por haber sacado a Erbol del Estado de coma en que se encontraba a principios del Siglo XXI.
Lucía Sauma, por haber unido a dos ciudades grandes (La Paz – El Alto) en un gran noticiero y acompañar el proceso que ahora vive Erbol.
Javier Ochoa, Isabel Vettori, Demetrio Casanovas, Aurelio Núñez, Juan Carlos Enríquez, Félix Tórrez, Joaquín Matías, Gróver Alejandro, Nancy Vacaflor, Pánfilo Zurita y cada uno de los 500 periodistas de la Red Erbol que cubren el país, por haber hecho de la ética una práctica diaria y no callar nunca lo que sabían.
Priscabeth Varela, Miriam Escobari, Carla Cortez, y todos los compañeros y compañeras que trabajan (y ya no trabajan) en la Secretaria Ejecutiva de Erbol con sede en La Paz, por haber expuesto todo su talento e inteligencia durante horas y horas para que Erbol sea lo que es en este momento, la red multilingüe que une a Bolivia, la más influyente del país, pero fundamentalmente, la más humana.
Cada una de estas personas nunca usó Erbol en beneficio propio, jamás impuso ideas, sino convenció; nunca buscó el protagonismo personal, sino el crecimiento de la institución; jamás puso en riesgo su independencia, la preservó por encima de todas las cosas; nunca sufrió el mareo del poder o experimentó el síndrome Haile Selassie (emperador de Etiopia), trabajó apasionadamente por Erbol, al menos los últimos seis años, tiempo durante el cual estoy en Educación Radiofónica de Bolivia.
Erbol cumple 42 años, erbol aglutina a diversas organizaciones, desde radios de la iglesia católica, hasta radios de indígenas, cocaleros, comunitarias, es una síntesis de la diversidad de Bolivia, por eso es de todos, pues, las buenas instituciones dejan de tener propietarios para ser de toda la colectividad. Sólo cuando se produce este fenómeno se nota la calidad de una institución. Por estas y otras muchas razones hay que cuidar Erbol y velar por su permanente crecimiento. Felicidades erbolianos y erbolianas.

Wednesday, July 15, 2009

La Paz

Estoy seguro que los muertos se van al cielo por ese lugar, es la única vía posible que une una dimensión con otra, al menos en esta parte de la tierra, el único soporte material que se funde con lo espiritual y llega más allá del cielo. Lo recuerdo muy bien cuando lo vi por primera vez. ¡Uyuyy, y ese cerro tan grande! Exclame. Mi hermano, Antonio, me miró con ternura. “Es el Illimani”, me dijo. Lo divisé por la ventanilla del Colectivo Andino, que recorría los últimos kilómetros del asfalto para llegar a El Alto de La Paz, así se llamaba por ese tiempo, hace más de 20 años.
En mi fuero infantil sentí que aquel gigante me daba la bienvenida, y comenzaba a acunar mis sueños de mejores condiciones de vida y nos leía la mente a mi hermano y a mí. Aunque todavía rondaba en mi cabeza el prejuicio de mi abuela Victoria: “van a tener cuidado con los paceños, son malos, ni cuando te ladra su perro te ataja, te deja nomás morder”. La realidad fue otra. A mi abuela le habían contado otras personas a quienes les habían contado otros amigos que habían venido a La Paz, donde como en todo lugar hay personas de todo tipo, pero la gran mayoría es gente muy trabajadora, solidaria, y, sobre todo, apasionadamente boliviana.
En todo este tiempo que vivo en esta ciudad, donde falta oxígeno, pero sobran pulmones para gritar su pasión por Bolivia, nunca me increparon ni me echaron en cara mi lugar de nacimiento (pocoateño, nortepotosino) o me vetaron mi acceso a un puesto de decisión por mi origen. Será que por eso me suena ridículo cuando escucho a una autoridad regional decir: “no aceptaremos a un comandante departamental de la policía que no haya nacido aquí”. Denota complejo de inferioridad, inseguridad, pensamiento logiero, desconocimiento de una ley de la Historia: sólo la diversidad y la contradicción genera calidad y evolución.
En La Paz, donde la vida es barata y la autoestima muy alta, conocí muy pocos grupos privilegiados que vivían de la política, traducida en la preservación del poder; los últimos que quedaban perecieron en Octubre de 2003; tampoco me enteré de un comité cívico que se distribuyera impunemente cargos en empresas regionales para conservar privilegios; entonces, entendí por qué las grandes ciudades como París, Nueva York, Buenos Aires, Santiago o Miami no tienen comité civico al igual que La Paz. Pues, tienen otras formas de organización, donde la fortuna no se hereda, menos los cargos públicos, peor los privilegios, sólo se legan las oportunidades.
Se parece a un imperio que acepta todo tipo de ciudadanos, de procedencias y orígenes distintos, y aprovecha esa riqueza en su favor y les delega cargos, responsabilidades, sin las acomplejadas dudas de que alguien que no sea del lugar no desarrollará un buen trabajo en beneficio de la región, como si fuera un malvado infiltrado destinado a boicotear el desarrollo de un pueblo.
Cada vez que aparece algún desubicado con ganas de discriminar a un ser humano, ya sea por su condición social, credo u origen, paceños y no paceños le cerramos la boca con argumentos sólidos y lo aislamos a tal extremo que se envenena en silencio con sus vituperios o falacias. Es inconcebible que en La Paz exista un medio o un periodista que lance diatribas cada día en contra de bolivianos y bolivianas que no son paceños, paceñas o collas; no duraría ni un minuto.
Conocí en La Paz, cruceños, benianos, pandinos, tarijeños, chuquisaqueños, cochabambinos, orureños y potosinos que viven como debe ser: como en su casa.
Si alguna vez te preguntan tu lugar de nacimiento es para conocerte mejor y para enriquecerse así mismos, no para excluirte; te preguntan para compartir culturas, no para humillarte; te preguntan para las anécdotas, no para apalearte.
Llegué a La Paz hace más de 20 años, en busca de mejores condiciones de vida, hoy puedo escribir esta columna como prueba de los 200 años de libertad encendida y brillantes oportunidades que me dio la ciudad más hermosa y libre colgada en los andes como un precioso regalo de los colosos nevados, a quienes es lo primero que veo y saludo cada vez que vuelvo de algún viaje, particularmente, al Illimani, porque siento que tiene vida propia y me sigue leyendo el pensamiento como aquella primera vez que me vio llegar sin destino seguro.

Saturday, July 11, 2009

Cómo ganar a Evo

En el MAS, dicen que es invencible. En la oposición, no hay ánimos ni líderes. Unos viven más en la apariencia y otros menos en la realidad. Ambos son poco amigos de la razón y muy afines a la emoción. Ambos viven en un escenario apologético y olvidan que ahora la política es una ciencia y como tal debe ser estudiada y aplicada.
La apariencia dice que Morales es invencible, la realidad depara otra cosa. La realidad dice que Evo es el mensaje y el medio a la vez, por tanto no tiene mensaje, él es el mensaje por su condición indígena y por haber creado su propia lengua: el evoñol. La oposición teme a la apariencia porque su realidad es triste y desolada; se aterroriza ante el evoñol, porque parte de la realidad y lo conduce a un mundo de apariencias, hasta encadenarlo otra vez en la caverna de platón; teme el evoñol sin saber que la nueva lengua no requiere adversarios porque su peor enemigo es su propio creador, quien cada vez que malversa una palabra se asfixia en su propio mundo de apariencias.
Evo es un accidente de la historia (una circunstancia en términos marxistas), es la consecuencia de personas como el pensador Fausto Reynaga, a quien quizás ni conoce muy bien o no se lo han presentado; Constantino Lima, uno de los primeros candidatos indígenas; Genaro Flores, gran luchador demócrata; Marcial Fabricano, quien marchó con dignidad por tierra y territorio en la década del 90, pero nunca pudo superar su colonización mental, y cayó otra vez en la finca partidaria de un capitán; Carlos Palenque, que despertó la confianza de una parte del electorado en el cholo, pero pronto los decepcionó; Víctor Hugo Cárdenas, primer vicepresidente indígena que desentumeció la autoestíma de los pueblos indígenas y echó por tierra las visiones arguedianas, pero tocó el poder no como medio de liberación, sino como fin personal, lo que le aseguró una larga pega de pongo pseudo-intelectual; Felipe Quispe, que desbrozó intelectual y militarmente la posibilidad de los indígenas de acceder al poder, que si no hubiera sido su excesivo pragmatismo político (como el “duchazo” que se pegó con un ministro mirista), él hubiera estado sentado en Palacio con todas las glorias y méritos que cosechó. Evo es el mensaje y el medio a la vez, no tiene mensaje, no trajo nuevas ideas, ni revolucionó la filosofía política indígena, por esa razón cuando se topó con el segundo lugar en las elecciones generales de 2002 no sabía qué hacer con el poder que estaba a metros de su alcance. Esta es la realidad, la apariencia fabrica el mito.
Evo se benefició del voto venganza y del voto confianza. Recuerdo aquella tarde de mayo de 2002 en una de las aulas de la Universidad Mayor de San Andrés, cuando, en contra-ruta, sostenía, como expositor heterodoxo en contra de todos los invitados, que la candidatura de Evo Morales iba a dar una gran sorpresa. La tesis era simple, gran parte del electorado estaba cansada de la democracia prebendal, plutocrática, oligárquica y nepotista; y buscaba nuevas opciones, que en ese momento, al igual que ahora, pero en sentido inverso, no tenía líderes. Entonces, se tropezaron con Evo Morales, a quien le concedieron una confianza limitada: fiscalizar el poder con una buena bancada parlamentaria. Evo servía para vigilar a los poderosos, pero no para gobernar. Otro grupo de electores, muy numeroso, optó por el camino de la venganza con un razonamiento malagüero: “ok, le daremos el voto a este bloqueador profesional, a ver si así se acaban los bloqueos y veamos cuánto puede hacer en el gobierno, tanto que critica y critica”. Este fenómeno se reprodujo al cubo en las elecciones de 2005, con los resultados que rebasaron todos los cálculos. Los vengativos no esperaban que Evo iba a hacer un buen gobierno (apariencia) y los del voto confianza se equivocaron al creer que sólo iba a servir para vigilar el poder y no para gobernar (realidad).
En teoría política hallar las causas es fundamental para encontrar las posibles salidas. La dialéctica enseña que cada fenómeno engendra su contrario. Gonzalo Sánchez de Lozada, su yerno, su hija, sus exitosas empresas mineras, su Víctor Hugo, su Capitán y de éste su Joaquino; Hugo Banzer, su yerno, sus hijas, su esposa, su Tuto, sus terratenientes; Jaime Paz, sus narcovínculos, sus cardenales, su diplomacia de la coca, su visa denegada, su Embajada, su Samuel, engendraron el fenómeno Evo Morales. Ellos son los culpables, esa es la realidad, lo demás es apariencia. En política, la causa de un fenómeno no puede ser a la vez el antídoto. Si ellos fueron la causa, difícilmente pueden ser el efecto del efecto.
La realidad está clara, el adversario de Evo Morales debe ser un cero kilómetros en materia política y si tiene algún kilómetraje, al menos que no haya sido acunado por los culpables del fenómeno Evo; su origen es lo de menos, lo que importa es su mensaje, que parta de la realidad cotidiana de las personas y se traduzca en un pensamiento mestizo destinado a construir una sociedad con buenos niveles de vida reales y no sostenido en bonos falaces.
Eficaz. Pues, el gran problema del MAS es su carencia de calidad en la administración de la cosa pública, pues se ha convertido en un reproductor de los males neoliberales, a tal extremo que multiplicó el bonosol gonista, producto de la capitalización, en bonos de todo tipo, producto del eufemismo de la nacionalización.
Un líder y no un caudillo, cuya muerte política arrastre consigo el proceso y a todos quienes se jugaron la vida por el cambio y no por él. Un líder que constituya un verdadero instrumento político, transparente, honesto, que practique incluso la ciberdemocracia, y no un caudillo que está erigiendo peligrosamente una nueva oligarquía: la cocalera. Un líder, alejado de la megalomanía, que lea la historia adecuadamente y sepa, o al menos intuya, que es parte del proceso y no el proceso en sí. Un líder que desprecie a los aduladores y aprecie a los críticos, porque los amigos critican de frente, los enemigos por la espalda, los amigos son incondicionales, los compañeros son la malversación de las glorias instantáneas.
Una persona honesta, sin vínculos empresariales o grandes negocios porque estos generan desconfianza desde los tiempos de Aniceto Arce hasta Sánchez de Lozada (y otros de esta laya) porque asaltan el poder como un fin para lucrar, acumular poder y sembrar el mal vivir de la gran mayoría de la sociedad.
Un hombre o una mujer con decisión de materializar la nueva Constitución Política del Estado en la vida diaria de las personas en lugar de cuestionarla por un capricho ideológico; pues, casi seguro, salvo que baje de la apariencia del pedestal y vire a la realidad Evo Morales, la nueva Constitución será la tumba política del MAS y su líder porque la gente se cansa de los papeles cuando éstos no terminan de cambiar sus vidas.
En definitiva, Morales es derrotable desde el momento que es mensaje y medio a la vez. Mensaje por su condición de indígena, medio por su probada honestidad, al menos hasta el momento. Es derrotable porque nuestra democracia ya tiene cuarto de siglo y necesita estadistas, ya no caudillos. Requiere líderes con un mensaje que vaya más allá de su condición social o étnica y traduzca la democracia en casa y no termine en los “satúcos” o los cocaleros ¿Dónde está ese líder o lideriza? Esta en el mundo real, en alguna ciudad (tan menospreciada por los masistas), en algún hogar boliviano, sólo falta descubrirlo.